16 abril 2008

La cuna de tu hijo

Mi hija de 3 años es, no podía ser de otra manera, una personita atenta y conectada con todo lo que la rodea. El mundo que ella vive, muy distinto en muchos sentidos al nuestro cuando nacimos, la bombardea a cada instante con numeros estímulos visuales y auditivos.

La gente que hace publicidad de esto sabe mucho. Sabe que los padres de hoy no van a tener los mismos problemas en que sus hijos miren los Backyardigans o Lazy Town que los que tenían cuando miraban los Power Rangers o alguna caricatura de similar nivel de violencia.
Y por esa ventana en principio tan inocente disparan publicidad sin solución de continuidad.

Mi hija de 3 años es, en suma, una voraz consumidora en grado de tentativa de todo cuanto a Barbie, Princesas o similares se le aparezca, cuando está despierta y cuando sueña.

Yo, que he sido padre de dos varones y se de la facilidad en que estas cosas se resuelven con una pelota o una cometa, me veo a veces desbordado por este mundo femenino en el cual se las educa desde muy chiquitas en el consumo de cosas lindas, caras y poco prácticas.

Para las mujeres que leen este blog, mi visión masculina es que desde chiquitas les enseñan el placer por mirar vidrieras e ir de compras.

El problema comienza cuando un placard de Barbie cuesta si fuera de ébano y diseñado a medida. Por suerte, existen alternativas más económicas que exigen un poco más de inventiva y ganas de ensuciarse las manos.
Así que en eso estuve el fin de semana, lijando y pintando la camita para la princesa y el placard para los vestidos de la Barbie, hechos en Fibro Fácil y comprados por pocos pesos en Internet. (No pongo fotos del producto terminado porque las comparaciones son odiosas y la sonrisa de mi hija fue lo suficientemente gratificante como para obviar los detalles).

A qué viene todo esto? A que mientras lijaba en el balcón, con un poco de frío y bastante sol, recordé una vieja canción de los años 70 interpretada por Mercedes Sosa, sobre un poema de José Pedroni con música de Damián Sanchez y quiero compartirla con ustedes, porque también tiene que ver son ser padre hoy (y siempre).

CUNA

Haz con tus propias manos la cuna de tu hijo.
Que tu mujer te vea cortar el paraíso.
Para colgar del techo, como en los tiempos idos
que volverán un día. Hazla como te digo.

Trabajarás de noche. Que se oiga tu martillo.
"Está haciendo la cuna" que diga tu vecino.
Alguna vez la sangre te manchará el anillo.
Que tu mujer lo enjugue. Que manche su vestido.

Las noches serán blancas, de columpiado pino.
Harás según el árbol la cuna de tu niño.
Para que tenga el sueño en su oquedad de nido.
Para que tenga el ángel en un oculto grillo.

La obra será tuya.Verás que no es lo mismo.
Será como tus brazos la cuna de tu hijo.
Se mecerá con aire. Te acordarás del pino.
Dirás: "Duerme en mi cuna". Verás que no es lo mismo.

02 abril 2008

El cerebro de un padre

Todos saben o imaginan -si aún no lo vivieron- que el nacimiento de un hijo cambia a las personas . Pero, ¿qué sucede realmente en el cerebro del hombre cuando se convierte en padre?
Por el momento, un grupo de investigadores de la Universidad de Princeton , EE.UU, empezó a esbozar una respuesta a partir de un estudio con minúsculos monos llamados titís (Callithrix jacchus) que sugiere que ser padre podría alterar la materia gris. De hecho, encontraron que la estructura del cerebro es distinta en los titís que son papás en comparación con los que no lo son; al mismo tiempo que descubrieron que los cerebros de los primeros eran más receptivos a una hormona relacionada con la memoria y el aprendizaje. Esta es la primera vez que se trata de establecer una relación entre la crianza paterna y los cambios físicos y químicos en el cerebro de un primate. Los resultados fueron publicados en la edición de septiembre de la revista Nature Neuroscience .
Los titís son una especie de monos tropicales que viven en América Central y en Sudamérica (Colombia, Brasil, Perú y Paraguay). Son relativamente pequeños, tímidos y fáciles de domesticar. La mayoría de los titís están considerados como especies amenazadas, debido sobre todo a la destrucción de su hábitat. Viven en grupos que defienden su territorio, asustando intrusos con chillidos y persecuciones amenazadoras. Son muy importantes en la cooperación grupal, se les suele ver por parejas sentados o durmiendo. La hembra suele dar a luz una camada que oscila entre una y tres crías después de unos 5 meses de gestación. Normalmente los grupos familiares son integrados por una pareja y sus hijos, que a su vez se integran a grupos territoriales. La madre, es la que cría; sin embargo los padres cuidan con intensidad a sus crías pequeñas, cargándolas, protegiéndolas y alimentándolas.

"A diferencia de muchos otros mamíferos machos, los titís que son papás participan mucho en el cuidado de sus hijos", destacó Yevgenia Kozorovitskiy, estudiante de postgrado de neurociencia en Princeton y una de las autoras del trabajo junto a Maria Hughes, Kim Lee y Elizabeth Gould. I nvestigaciones anteriores sugieren que los padres titís cargan a sus crías el 70 por ciento del tiempo durante su primer mes de vida. "Además, la complejidad de sus cerebros los hace un buen modelo para examinar los procesos que podrían ocurrir en los humanos", apuntó Kozorovitskiy.

Según el estudio, titulado "Fatherhood affects dendritic spines and vasopressin V1a receptors in the primate prefrontal cortex", que comparó los cerebros de los papás primerizos y los titís que eran padres con experiencia con los cerebros de machos titís adultos que no eran padres, se observó que los que habían vivido la paternidad tenían una mayor densidad de "espinas" que se formaban en las dendritas, las microscópicas ramificaciones de las neuronas que están implicadas en la recepción de los estímulos. En otras palabras, quienes eran padres tenían una mayor densidad de conexiones en una región del cerebro conocida como la corteza prefrontal que juega un papel crucial en funciones cerebrales superiores como la cognición. Obviamente esta región está más evolucionada en humanos.
Pero esto no fue todo, los investigadores también encontraron que los cerebros de los titís papás tenían más receptores de una hormona, que en los humanos es crucial para el aprendizaje y la memoria, conocida como vasopresina, un neuropéptido, en esa región; la cual se piensa que participa en la conducta paterna y la formación de lazos sociales. Eso significa que sus cerebros podían procesar una mayor cantidad de esta sustancia química que los de los que no eran padres. Incluso, agregan los especialistas, había más de estos receptores en los padres cuyos bebés eran más jóvenes por lo que se sugiere que este cambio podría ser causado por el contacto con las crías .
Después de estudiar la estructura del cerebro de estos pequeños monos, los científicos divulgaron que como las hembras, los machos también experimentan cambios agudos en sus hormonas una vez que comienzan la paternidad. Aunque todavía no está claro cómo sucedieron esos cambios en los cerebros de los titís, por lo que hay que explorar la causa y el efecto; pero si se demostró que "la experiencia de ser papá altera dramáticamente regiones cerebrales que son importantes para la cognición", destacó Yevgenia Kozorovitskiy. Y concluyó que, hasta nuevas investigaciones, esto es "lo más cercano en relevancia en humanos que se puede obtener con un animal experimental".
Fuente: Mariana Nisebe en Clarín